lunes, 6 de octubre de 2008

CUENTO DEL JOVEN REY

Las palabras que a continuación se enlazan cuentan la historia de un alcalde que, ataviado con su aire de joven rey, intentó modernizar una ciudad de “cocido y gallinejas”, de “rocío y sevillanas”, de “negocios, puro y fútbol”. Para dar comienzo a la trama podemos descender en la historia todo lo que queramos, pero el hecho que sin duda la marca, es la decisión (¿precipitada? ¿alocada? ¿sin fundamento técnico?) de enterrar el tramo de la M-30 que circulaba por la Ribera del Manzanares. Para ello, nuestro joven rey y sus fieles escuderos (M. Cobo, A. Botella, J. Bravo, etc.), deciden no reparar en gastos, contratar a los mejores (ingenieros, constructores, publicistas, etc.) y en desafiar a las leyes del tiempo para enterrarla en el tiempo récord de una legislatura.

Pero no todo ha sido enterrar para este joven rey. La M-30 se entierra y aparece la Calle 30, con unos gastos de construcción de 3.500 M €, lo que supone un 40% más de lo previsto, unos gastos de mantenimiento de 10.500 M € (al ritmo de 350 M € al año), una ejecución y/o proyecto más propio de Pepe Gotera y Otilio que del Club de los Mejores, y un enorme descampado en la ribera del Manzanares.

Pero además, aún tenemos pendientes, grandes operaciones para modernizar Madrid. Las operaciones Campamento y Carabanchel, que son capaces de poner de acuerdo a un Gobierno socialista y a nuestro querido Alcalde, para construir un número excesivo de viviendas. La Operación Chamartín, que de nuevo pone de acuerdo a administraciones públicas del PP y del PSOE, y ¡hasta a los bancos y promotoras inmobiliarias! para multiplicar casi por dos la edificabilidad prevista en el Plan General. La Revitalización del Centro, que con sus 270 anuncios, más bien parece una mala copia de la Historia Interminable. Por no hablar de la cacareada y polémica reforma del Eje Prado-Recoletos o de la también necesaria Reforma del Eje Comercial de Serrano.

Y a este ritmo, aún nos quedan preguntas por hacer. ¿Quién va a pagar todo este desaguisado? ¿Qué beneficios va obtener la ciudad de Madrid? ¿y sus vecinos y vecinas? Pues la respuestas, de sencillas, parecen tontas. Esta política de construcción de grandes infraestructuras viarias las pagan los de siempre, los vecinos y vecinas de nuestra ciudad, que sin embargo, tardaran en ver los beneficios de estas operaciones; desde luego las económicas es dudoso que las vean, y otras, pues a saber: aprovechar el atasco en el túnel para comprobar la existencia o no de claustrofobia, aprovechar la lluvia para hacer un poco de remo en los versátiles túneles de Calle 30, comprobar el nivel de paciencia para acceder a tu casa dentro de un atasco de quienes quieren ir a ese centro comercial en ese barrio nuevo de Madrid, poner a prueba su espalda al caerse tras recibir la contribución (pago del IBI), etc, etc.

Y mientras tanto, la ciudad crece desolada, desestructurada territorial, social y económicamente. Todas estas infraestructuras sirven para que el 43% de las viviendas del barrio de Legazpi sigan mal comunicadas, por no decir el 54% del barrio del Aeropuerto. También sirve toda esa inversión para que el 44% de las viviendas del barrio de Embajadores sigan en mal estado o ruinoso, o que el 48% de las viviendas de Prosperidad tengan pocos espacios verdes, o que las infraestructuras de equipamientos y dotaciones de los flamantes desarrollos de Las Tablas, Montecarmelo o Sanchinarro, estén en un permanente “estamos en ello”.
Daniel Álvarez